Hora punta en la guagua



Hoy tuve que ir a hacer unas diligencias y, como de costumbre, me acerqué en transporte público. Me encanta hacerlo por diversas razones, desde ahorrar gasolina hasta cuidar el medioambiente. Pero otro de los motivos es tener tiempo para pensar, porque a veces estamos tan inmersos en las esclavizantes rutinas que no nos damos cuenta de las pequeñas cosas de la vida capaces de alegrarte el día. O de los desconocidos que pueden lograrlo. 




Hasta hace unos meses generalizaba bastante y era bastante crítica con los usuarios de los transportes anteriormente mencionados. "Son todos unos cabezas cuadradas enganchados al WhatsApp, que sirve como un rastreador que te persigue a todas horas. De lo contrario, se ponen un dispositivo para escuchar a todo volumen y te dejan sorda a ti -que ni siquiera compartes sus preferencias musicales-", me decía.

En estos días me he dado cuenta de que todavía existe gente en peligro de extinción. Pero no ha sido hasta hoy que he decidido este pequeño homenaje que, probablemente, nunca lean. Como soy una persona despistada siempre procuro llevar una libreta conmigo para apuntar ideas que se me ocurren, porque de lo contrario se me olvidan para siempre. Estaba tan tranquila escribiendo mis tonterías cuando, de repente, la curiosidad periodística se me despertó -no confundir con ser una persona cotilla, que no lo soy- y escuché la conversación de las dos señoras que iban detrás de mí. Una había nacido en Alemania, pero vivido en Francia y España. Se considera ciudadana del mundo. Contó a la persona que estaba sentada a su lado experiencias y vivencias increíbles, además de cómo había hecho una cartera a mano a base de una simple hoja de un árbol -una vez cuestionada por ello, claro-. Pero esa no fue la única conversación curiosa que escuché.

Se subió una mujer con un bebé, una chica la ayudó rápidamente a subir el carro sin pedir permiso. Porque a veces la educación sobra. Le ayudó a atar al pequeño en el lugar habilitado y, posteriormente, se quedaron hablando hasta que me bajé de la guagua*. Mientras tanto, otra mujer le explicaba a otra los derechos que tenía como víctima de un accidente laboral que acababa de sufrir. También hablaron te otros asuntos, siempre para tener palabras amables la una con la otra y ayudarse mutuamente compartiendo información.

Y mientras tanto yo ahí, disfrutando de lo que prometía ser un asqueroso día. Al final personas desconocidas me lo alegraron, porque es bueno darse cuenta de que no todas las personas van a su bola y sigue existiendo simpatía.

P.D. Si te encuentras conmigo, háblame porque estaré encantada de escucharte aunque no nos conozcamos ni nos volvamos a ver.


*La Academia Canaria de la Lengua define en su diccionario online, en la primera acepción, este término como "Vehículo automóvil de gran capacidad preparado para el transporte colectivo de viajeros, con trayecto fijo. Se emplea tanto para el servicio urbano como para el interurbano." Vamos, lo que viene siendo un autobús para muchos.


 Loida Cabeza ©


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