Todo encaja en un mundo en blanco y negro


Probablemente en algún momento de tu vida hayas visto esta imagen. Sacada por el fotógrafo Kevin Carter, se convirtió rápidamente en un símbolo de la lucha mundial contra el hambre.

Fuente: http://rarehistoricalphotos.com
Cuando el New York Times la publicó en 1993, la mayoría de las personas que la observaron se quedaron atónitas y escalofriadas. Reflejaba una cruda realidad: una niña africana que moría de hambre ante la mirada expectante de un buitre. Un reflejo perfecto del repulsivo abrazo de la muerte que se ganó el prestigioso Premio Pulitzer de 1994. Algo que podría haber sido cierto teniendo en cuenta el egoísmo y perversidad del ser humano. ¿Acaso sería de sorprender la existencia de fotógrafos que optan por realizar su trabajo, en lugar de involucrarse en algo que no les incumbe y que podría hacer peligrar sus vidas? Todo se reduce a un debate entre la profesionalidad, ética y moral.

A Carter le llovieron críticas desde muchos sectores. ¿Cómo es posible que no ayudase a una pequeña a escapar de esa ave rapaz que iba a devorarla? ¿Merece la pena una fotografía en lugar de una vida? ¿Dónde queda la solidaridad? ¿Qué clase de individuo puede dormir con la conciencia tranquila sabiendo que ha sido cómplice de un acto atroz? En cuestión de 16 meses después de haber sacado la imagen, Carter conectó una goma al tubo de escape de su coche y se suicidó. Muchos atribuyeron su muerte a un sentimiento de culpabilidad por lo sucedido, acompañado de una profunda depresión. Sin embargo, más tarde se descubrió que la fotografía en verdad era un fotomontaje.

El reportero gráfico João Silva, que había acompañado a Carter en ese viaje a Sudán, ofreció una explicación alternativa a lo que hasta entonces se creía. Ambos se desplazaron en un avión de la Organización de las Naciones Unidas que estaba repartiendo alimentos a pueblos en esa región. Según él, Carter se mostró bastante sorprendido al presenciar por primera vez una situación real de hambruna, por lo que aprovechó a capturar imágenes de niños. En esos instantes, los padres estaban tan ocupados recibiendo la comida que desatendieron a sus críos. Algunos de ellos fueron dejados en el estercolero del pueblo para que hicieran sus necesidades, lugar donde los buitres concurrían con frecuencia para comer la materia fecal. Esta era la situación de la niña -que, en realidad, era un niño- de la imagen. "Un buitre se posó detrás -contó Silva- para meterlos a ambos en el cuadro, Carter se acercó muy despacio para no asustar al buitre, e hizo la foto desde unos 10 metros. Hizo algunas tomas más y el buitre se fue".  

Años después, El Mundo protagonizó una gran investigación y trabajo periodístico en busca de la verdadera historia. El niño se llamaba Kong Nyong y murió 4 años más tarde víctima de la fiebre, según indicó su progenitor. Cabe destacar que en la imagen se ve claramente cómo lleva en su muñeca una pulsera:es la identificación del fondo para la alimentación que las Naciones Unidas le había colocado para su registro; lo que significaba que el pueblo y el pequeño estaban siendo asistidos por el organismo internacional. Se desconocen las razones exactas por las que Carter no contó la verdad. Se plantean varias hipótesis junto a un cúmulo de factores que estaba viviendo: su triste infancia, problemas con las drogas, deudas económicas, desamor, la reciente muerte de su mejor amigo, la dificultad de ser freelance, una opinión pública en su contra que jamás creería la versión real, etc.

Fuera como fuese, estoy segura de que si esta fotografía se hubiera hecho en la actualidad muchos habríamos caído en la mentira y hubiésemos despreciado lo que presuntamente hizo Carter. Porque a veces podemos ser tan estúpidos que nos tragamos mentiras, no nos molestamos en contrastarlas e ignoramos pequeños detalles que pueden darle un gran sentido a las cosas. Al igual que hizo el fotógrafo, da la impresión de que empleamos un teleobjetivo que altera la perspectiva y preferimos engañarnos. La pulsera siempre estuvo ahí, solo había que ampliar la fotografía, apreciar los números de registro y conocer la localización exacta del niño. El buitre no era tan malo como parecía, ni el menor acabaría siendo devorado. El problema fue que Carter ocultó la verdad y que todos creyeron su embuste. Al fin y al cabo, hay quienes solo ven lo que quieren contemplar sus ojos, en lugar de la realidad. No te dejes engañar.

 Loida Cabeza ©

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