Pseudoperiodistas con complejos de mosquitos



No quiero ser tu periodista favorita. A decir verdad, detestaría ser representante del periodismo en un país en el que todo se caracteriza por la mentira, manipulación e intrusismo; y que ni siquiera regula la profesión que me apasiona.

Lo de representar a nuestro país mejor se lo dejamos a los deportistas, ¿verdad?
Vives pensando que sirves para esto sin haber gastado ni un minuto de tu valioso tiempo en leer diagonalmente un manual . ¿Y pretendes enseñarme a mí lecciones de moral?

Te escribo desde la franqueza, sarcasmo y bordería, no lo confundas con egolatría, narcisismo y chulería aunque tú no acostumbres a hacer lo mismo.
Es una cuestión de respeto, no solo hacia mi irrelevante persona.
Mientes a los ciudadanos, les vendes mentiras para llenarte los bolsillos.

A sabiendas de que podría dedicarme a lo mismo, paso.
Prefiero presumir de rechazar  propuestas laborales por motivos deontológicos.
Y no es que sea estúpida o desagradecida, simplemente soy una fulana con principios improstituibles.
Siempre preferí morir de hambre antes que traicionar mis convicciones, mi intención es  poder contemplar mi reflejo eternamente.

Asimismo nos diferencia poseer diferentes grados de idiotez: interpreto el papel para vivir en paz, mientras que tú naciste así - ni te molestas en aprender de los errores del pasado-.
¡Pero no te preocupes! Los dos nos equivocamos, errar es de humanos.
Lo gracioso es que alardeas de haber descubierto el Mediterráneo, cuando hasta tu presunto mejor amigo te apuñala cada vez que estás de espaldas.

Al igual que tú, me codeo con personas de relevancia pública y personajes que se creen importantes; pero a diferencia nunca me he subido a un pedestal. ¡Me daría vértigo!
No creo en la fama, pero sí en los mosquitos que mueren entre aplausos.
¿Merece la pena?

Podría dedicarte esto con nombre y apellidos, pero implicaría rendir un acto a tus pseudodioses favoritos -Sensacionalismo, Amarillismo y Morbo-, regalándote encima más reconocimiento.
Miento si digo que escribiendo estas líneas no me siento más polémica que Michael Jackson y su médico, pero ¿qué hago con estas inmensas ganas de fabricarte un artilugio ortopédico capaz de aumentar tu coeficiente intelectual?
Mientras te crees protagonista de la eterna y absurda discusión de qué futbolista es mejor, te demuestro con prácticas que te supero.

¡Luces, cámaras y acción!
Empezaste tú este show, creyéndote el Michael Jordan de tu generación.
Facilito pruebas de todo lo que mi lengua articula y lo saben, mientras que a ti ni las cuentas te salen -teniendo la calculadora a mano-.
Si me entero de que sigues difundiendo mentiras de mí a quien no debes, tal vez sea te invite públicamente a someternos una prueba de dopaje. ¿O prefieres ser tú mismo el que ponga fin a este entretenido montaje que te inventaste? ¿O te daría miedo conocer los resultados? Porque ni una insignificante gota de alcohol ha corrido por mis venas en cuatro años -fíjate que me da más asco que tu actitud-.

Oye que si quieres o te hace ilusión puedo pasarte mis contactos, tengo fuentes como tú encantadas de que participes en esas tertulias mierfónicas que te agradan.
En el fondo siento pena, porque estabas tan perdido que te equivocaste de oficios:
ibas para monologuista y cineasta, pero te sedujo un medio de comunicación basura.   

Con esto aprovecho para recordarte que si quieres seguir copiándome, al menos ten la decencia de buscar una forma más eficaz (aunque te aconsejo que me cites si no quieres seguir hundiéndote en el fango junto a tus hermanos).
No te olvides de quién soy,
porque aunque tus armas más potentes sean la desinformación y ejército de colegas,
las mías son la justicia y la retórica.
Para actuar no necesito la violencia, prefiero usar la palabra como instrumento para destruir las pocas neuronas que te quedan y burlarme de tu holgazanería. 

¡Querido falso que pases un buen día! Nos veremos pronto. Salúdame que no muerdo, y hasta si quieres nos tomamos un café.

Starbucks no patrocina este cabreo,  pero sí lo hacen la indignación acumulada junto a benditas noches de insomnio en las que no logro echar a esas estúpidas musas de mi cuarto

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