Valquiria



En un mundo lleno de odio y violencia solo gana el más fuerte. ¿De qué sirve ser un guerrero que vive en el efímero orbe si no es arrastrado al inframundo en contra de su propia voluntad, tras haber caído en combate? 
El reino de Hades está lleno de valientes que perecieron en batalla, valientes que se dieron cuenta de lo complicado que resulta subsistir, valientes enfermos que fallecieron sin saber la razón, valientes que murieron traicionados, valientes enamorados, valientes que se sacrificaron. Cuando avanzas por la neblinosa y sombría morada te das cuenta de que el honor no sirve de nada. De que en  la lista no figurará tu nombre y que jamás sabrán lo que hiciste. Siempre han existido estúpidos mortales que olvidan a sus seres más importantes. Y solo en aquellos instantes en los que estabas en la morada del Odín eras feliz, esperando el beneplácito para ser proclamado valiente. Pero el orgullo y la vergüenza no son amigos gratos. Aparecen de improvisto, el miedo a no morir dignamente penetraba en lo más profundo de tu ser. Preferías abrirte en canal antes que morir arrodillado ante un enemigo forastero e imbatible. ¿Dónde estaban entonces esas nueve vírgenes que te auxiliarían llevando tu cuerpo desangrado, a lomos de sus caballos, con rumbo hacia el Valhalla? Brynhilde, Hilda, Sigrdrífa, Sigrún, Svána, Ölrún, Svanhvít, Alvitr y Þrúðr no podrían hacer nada. La muerte llega sin avisar y cuando toca en tu puerta te brinda dos senderos a elegir: arrodillarte ante ella como un sumiso o huir lo más lejos posible para planear cómo asesinarla. 

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